¿Primero lo nuestro? Viva el rock chileno: ¡Viva Candelabro!

Deseo, carne y voluntad le prende fuego al rock latinoamericano

Deseo, carne y voluntad, segundo disco de la banda chilena Candelabro (2025) es un álbum interesante, lleno de preguntas y gritos que interroga y disecciona su época, nuestra época.  Son catorce canciones con referencias a la religión, política y sociedad junto a un sonido prolijo, diverso, descarnado y sincero como todo grito o creación.

Haz una prueba. Abre Spotify o YouTube, pon “Rock Latino 2026”. ¿Qué escuchas? Las bandas de rock ya no quieren cambiar el país: quieren tener un manager, eso no está mal pero el resultado es un género que a lo mejor suena bien pero que dejó de sonar a algo realmente. Candelabro vio eso y decidió escupir. Las Copas, Domingo de Ramos, Prisión de carne, Pecado, Ángel, Caliz, componen un álbum cargado de espíritu.

Prisión de carne es una canción que habla sobra el don de la ubicuidad de Dios. “Por encima de mi sangre / Por encima de quién soy / Por encima de mi carne/ Estás siempre alrededor”.   La melodía larga y espectral sugiere espacios cercados, laberintos. Como si el hombre estuviera cercado por la ubicuidad de Dios en un mundo que se cae. Frente a un rock que te canta “libérate” como si fuera coach, Candelabro te canta “en defensa de este cuerpo” porque sabe que la libertad no es mantra, es pelea.

Pecado es un ska progresivo quearranca como crónica “La estación central ha sido para Santiago / Un hito económico y cultural”. Consideremos que estación Central es un barrio populoso en Santiago de Chile. El estribillo es una herejía: “Dios está perdido en una calle de Estación Central”.  “A Dios lo busca un narco en un ghetto vertical”. Las voces sampleadas crean una crónica de periodistas y testigos que denuncian la corrupción que hubo detrás de la construcción de gigantes edificios de vivienda en donde nadie quiere vivir por las condiciones de hacinamiento y pésima planificación. ¿Qué hacer en un mundo que se cae? ¿Una canción? O quizá todo sea en vano. Pero “…danos algo/ una queja sobre espinas/ Un aquí me duele tanto”. Algo como un disco que sea una espina y que duela tanto como una ventana abierta en un puerto.

La segunda mitad de la canción es un ajuste de cuentas con el cristianismo: “Este, ese y aquel tienen familias / Felices y bien hechas / Rubios y estudiosos” mientras “tus hijos, Dios de Dios, padecen / Son psicológicamente inestables… Los pocos que somos / o se mueren naturalmente / o los matamos naturalmente”. El remate “Dios no elige a su pueblo / El pueblo elige a su Dios” invierte quinientos años de catecismo en cuatro líneas.

Fracaso te confronta. Comienza por una voz sampleada “Almas de los países se van / ¿Dónde se han ido? No se las ve / Se ven grandes huecos en la capa atmosférica / Entra por ellos el veneno”. Ahí es donde otras bandas continuarían con un refrito melancólico. Candelabro tira el verso que separa a los tibios: “Entre todo este fracaso / Habrá que levantarse a construir / Habrá que levantarse a trabajar / Por algo mejor”.  La música actual te canta “vive” (que en realidad es gasta), Candelabro te grita “explota”. Es un grito para una escena que se volvió complaciente con la indiferencia.

Entendamos que la neutralidad en Latinoamérica tiene dueño. Cada vez que una banda elige no decir “genocidio”, “terruqueo”, “transfobia”, está transmitiendo a su público esa neutralidad. El rock como fenómeno de masas entendió que un acorde también es una posición, pero el “rock” latinoamericano actual cree que ser “apolítico” es ser profesional. Candelabro recuerda que ser profesional, en este oficio, es saber poner el cuerpo. El rock que es grito, debe generar álbumes como este: fuertes, viscerales, inteligentes y rockeros.

Candelabro es la vanguardia del rock latinoamericano. Puede entenderse desde México hasta la Patagonia, pero nació en Santiago de Chile, en la misma ciudad donde actualmente están removiendo la movida interesantes proyectos: Anttonias, Hesse Kassel o Asia Menor. En ese sentido es una música pueden hacer patria aún sin ser del país. Y luego de las fiestas de las banderas y otros símbolos. Luego del chauvinismo vacío en un país que ha votado por el olvido y la impunidad para otros peruanos, propongo la necesidad de escuchar este hermoso álbum muy chileno y muy humano. Es una creación que toma el pulso a un tiempo convulso y difícil, que sabe tomar posición sin perder la sonoridad exquisita de sus canciones y que irrumpe una escena dormida en un pogo. Latinoamérica sigue ardiendo. Un álbum intenta salvarla, gritarla, conmoverla. Estallarla.