Dorian cumple 20 años y reafirma su conexión con el público latinoamericano
Veinte años no se celebran todos los días en el mundo de la música independiente. Esta es la historia de Dorian, la banda española que desde sus inicios mezcló sintetizadores, guitarras y atmósferas new wave para dar forma a un sonido propio que ha evolucionado sin perder el pulso emocional. Con una discografía que va desde 10.000 Metrópolis (2004) hasta Futuros Imposibles (2024), incluyendo hitos como La Ciudad Subterránea, Justicia Universal y Ritual, Dorian ha navegado entre lo nostálgico, lo urbano y lo poético, construyendo un repertorio que mezcla riesgo y cercanía.
A lo largo de estas dos décadas, la banda ha transitado escenarios en España y América Latina, ha reinterpretado su obra con versiones acústicas (como Diez años y un día) y se ha reinventado sin abandonar su sello distintivo: letras que señalan lo íntimo y lo social, atmósferas que duelen y que reconfortan, y la convicción de que la música es forma de resistencia emocional.

El diálogo con Belly Hernández, miembro de la banda, nos lleva por esos territorios de identidad, memoria y creación artística que atraviesan su paso por el mundo hispano, la búsqueda de referentes femeninos, la comunión con audiencias que hablan otro idioma, y la forma en que sus canciones siguen vivas en el tiempo.
En sus viajes han tenido contacto con diferentes culturas hispanas. Desde su experiencia ¿Qué similitudes encuentran entre la cultura peruana y la española, y cómo creen que esas afinidades se reflejan en la música?
Hacer música me ha permitido descubrir el mundo de una manera muy distinta a la de una turista. Viajar con la banda es pertenecer a una comunidad internacional de artistas con una sensibilidad compartida: la del amor por la música independiente. En ese camino, descubrir Latinoamérica ha sido un impacto muy fuerte para Dorian. Compartimos idioma, pero cada país tiene una identidad única, y el Perú, en particular, nos impresionó por su cultura milenaria, su calidez y su gente tan acogedora. Desde la primera vez que estuvimos allí sentimos una conexión especial: el público peruano se identifica con nuestra forma de expresarnos, y siempre nos reciben con un cariño enorme. Esas experiencias dejan huella, te transforman como banda y, aunque sea de manera indirecta, terminan reflejándose en la música que hacemos.
¿Han tenido la oportunidad de presentarse en países de habla no hispana? Si es así ¿Cómo cambia la conexión con el público cuando el idioma no es el mismo?
Cuando tocamos en países donde no se habla español, la conexión cambia, pero sigue siendo igual de poderosa. Es verdad que el mensaje de nuestras letras es una parte esencial de Dorian, y cuando el público comparte el idioma, esa conexión se intensifica. Sin embargo, incluso cuando las palabras no se entienden del todo, la vibra, la emoción y la energía del directo consiguen unirnos. Los públicos de los países hispanos, además, tienen algo muy especial: son espontáneos, cálidos y apasionados. Esa entrega es algo que todos los artistas reconocen y valoran muchísimo.
Barcelona es una parte esencial de su identidad artística. Sin embargo, las giras por América Latina les han permitido descubrir nuevas maneras de sentir y vivir la música. ¿Cómo se entrelazan esas influencias con lo que ya traían desde casa?
Después de veinte años de carrera, puedo decir que cada experiencia deja una marca en nuestra música. Nuestra discografía refleja lo que hemos vivido, y las giras por América Latina han sido transformadoras. Son choques culturales que te abren la mente y el corazón, y que te cambian como persona y como artista. Puede que esa influencia no siempre sea evidente musicalmente, pero sí se nota en la forma de sentir y de crear. Por eso digo que en nuestras canciones hay un pedacito de Perú. Si no hubiéramos vivido esos viajes y esos encuentros, Dorian no sería la banda que es hoy. Un ejemplo claro es “Llévame”, una canción inspirada directamente en nuestros recorridos por Latinoamérica, donde mencionamos Lima y La Oroya. Es una forma literal y hermosa de dejar constancia de todo lo que esos lugares nos hicieron sentir.
Durante tu adolescencia, ¿Cuáles fueron las artistas femeninas que más te inspiraron? ¿Cómo percibes hoy la presencia e inclusión de las mujeres en las bandas y proyectos musicales contemporáneos?
Siempre ha habido grandes artistas femeninas, mujeres fuertes y con voz propia. Pero en el mundo de las bandas independientes, sobre todo en el rock, hemos sido minoría. Aquí en España, por ejemplo, durante mucho tiempo hubo pocas mujeres en bandas. En mi entorno recuerdo casos como Cristina, de El Columpio Asesino, o Isa, de Triángulo de Amor Bizarro, pero éramos muy pocas. Por suerte, eso está cambiando. Gracias al movimiento feminista y a una mayor conciencia de género, cada vez hay más mujeres creando, liderando y ocupando espacios. Hoy tenemos bandas como Hinds, Ginebras o Cariño, formadas íntegramente por mujeres, que están girando por el mundo y rompiendo esquemas. Este cambio no se debe a falta de talento femenino, sino a una sociedad que durante años no nos impulsó hacia esos escenarios. Ahora esa realidad se está transformando: hay más mujeres músicas, técnicas de sonido, productoras y gestoras culturales. Falta camino por recorrer, pero ver esta evolución me llena de orgullo y esperanza.
En un mercado musical marcado por la inmediatez, ustedes han conseguido que sus canciones sigan vigentes años después de su estreno. ¿Cuál creen que es la clave para que una canción logre trascender y resistir el paso del tiempo?
Llevamos veinte años haciendo música y seguimos viendo cómo nuestras canciones conectan con nuevas generaciones. Es algo que nos emociona profundamente. No sé si existe una fórmula, pero creo que nuestra música se mantiene viva porque nace de la espontaneidad, de lo visceral y de lo honesto. Siempre hemos estado atentos a lo que sucede a nuestro alrededor: a las nuevas sonoridades, a las calles, a los cambios sociales. Eso nos mantiene ilusionados y en movimiento. Y, por supuesto, las letras tienen un papel fundamental. Marc, el letrista de la banda, tiene una sensibilidad especial para capturar emociones y momentos vitales. Habla de lo que todos vivimos: el amor, el desamor, la amistad, la búsqueda de identidad, el sentirse diferente o fuera de lugar. Es un observador del mundo, y sus letras reflejan tanto experiencias personales como temas sociales, como la gentrificación o el cambio climático, con un toque poético muy suyo. Esa sinceridad, esa manera de mirar la vida y transformarla en palabras, es lo que hace que la gente se sienta identificada y siga cantando nuestras canciones, sin importar el paso del tiempo.
Las canciones de esta banda nos han acompañado en rupturas, nostalgias, duelos y celebraciones; nos han ofrecido refugios melódicos y espejos de nuestras propias búsquedas. Por eso, este 20 de noviembre, no es solo una fecha más. Es la oportunidad de escuchar en vivo esos himnos que han ido construyendo capítulos en nuestras vidas. Los esperamos en el Centro de Convenciones de Barranco, Lima, para cantar juntos y para hacer visible lo valioso que es sostener una propuesta artística durante dos décadas.