Carlos Compson atraviesa distintos estados de la existencia en ‘Levita Mortis’, su quinto álbum
Una guitarra abre paso entre capas oscuras, los teclados ensanchan el espacio y una base programada sostiene el movimiento. Levita Mortis avanza así, entre materia y atmósfera, alternando momentos de mayor densidad con pasajes donde el sonido parece quedar suspendido. Carlos Compson utiliza el post-punk y el dark wave como puntos de partida, pero el quinto álbum de este músico limeño se permite desplazarse hacia el rock alternativo, la electrónica y distintas formas de la música oscura. Esa variedad resulta importante porque el disco habla precisamente de cambiar de estado.
Las diez canciones no están construidas desde una única idea de oscuridad. Hay guitarras que cargan con el peso rockero de Compson, bajos que sostienen el movimiento, teclados que amplían el carácter atmosférico y baterías editadas que conviven con la programación. Algunas piezas encuentran fuerza en la acumulación de capas; otras dejan más espacio entre sus elementos. El contraste evita que el álbum permanezca estático y permite que cada canción parezca ocupar un estado diferente dentro de una misma obra.
Ese desplazamiento musical encuentra correspondencia en la historia que propone Levita Mortis. Compson imagina una existencia capaz de atravesar cuerpos, identidades, estados y realidades distintas sin perder aquello que la hace reconocible. La muerte aparece dentro de esa lógica como una transición. “Levita” apunta hacia la elevación y la suspensión; “Mortis” introduce la muerte como parte de ese tránsito. Las grietas, el humo, el polvo y la fragmentación que acompañan el universo visual del álbum encuentran un equivalente en una producción que cambia de densidad y textura constantemente.
Para entender de dónde viene esta mezcla hay que mirar la trayectoria de su creador. Compson forma parte de la escena oscura peruana desde hace décadas, con antecedentes en Cardenales y Voz Propia y al frente de Deckadas antes de desarrollar su proyecto solista desde 2009. Cinco álbumes después, su propuesta conserva una raíz reconocible dentro del post-punk peruano, pero ha ido incorporando otras herramientas para construir una identidad propia. Sus presentaciones en Perú y México, incluyendo espacios como el Tianguis Cultural del Chopo y el Festival Magia Negra, han llevado ese lenguaje a circuitos más amplios.
Compson asumió prácticamente todas las etapas de producción de Levita Mortis: compuso, interpretó, programó, editó baterías, grabó, mezcló y masterizó el álbum en Capsule Studio Audio, en Lima. Esa autonomía permite que las distintas capas respondan a una misma concepción, incluso cuando el disco cambia de intensidad o de textura. El resultado es una obra donde la transformación no queda únicamente en las letras o en las imágenes: está inscrita en la propia materia del sonido. Levita Mortis cambia de forma mientras avanza, como si el álbum necesitara mutar para hablar de aquello que permanece cuando todo lo demás se transforma.
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