Chano Díaz Límaco: El tejedor de sonidos entre los Andes y el viento Celta
En el corazón de Lima, pero con el alma anclada en el cielo de Huamanga, nos encontramos con Chano Díaz Límaco. No es solo un músico: es un tejedor de mundos, un cartógrafo de melodías que ha aprendido a leer los mapas invisibles del sonido. Entre la quena y la gaita, entre el huayno ancestral y el rock británico, ha construido un territorio propio donde los Andes dialogan con el viento celta y la memoria conversa con la modernidad.
Su trayectoria respira el aire de los festivales europeos y la mística profunda de los cerros ayacuchanos. En cada nota hay migración, raíz, identidad y resistencia; en cada composición, un gesto político y espiritual que defiende la cultura como territorio sagrado. Chano no fusiona estilos: fusiona cosmovisiones.
En esta conversación íntima, el artista recorre su vida en el extranjero, el orgullo de representar a Huamanga en el mundo, el respeto profundo por lo ancestral, el fortalecimiento de sus raíces y una mirada crítica sobre el rol del arte, la cultura y el abandono histórico de los artistas en el Perú contemporáneo.
La patria elegida y el viaje del migrante
Has construido parte importante de tu carrera fuera del país. ¿Cómo se mantienen los Andes presentes en tu identidad musical?
Me siento muy contento de llevar siempre la bandera de Ayacucho, especialmente la de Huamanga. Aunque nací en Lima, volví a Ayacucho para mis primeros años de primaria y luego para la universidad. Es la patria que he elegido y representado siempre. Vengo de una estirpe de músicos y poetas, una familia de artistas y maestros donde el apego al conocimiento y la imaginación eran el pan de cada día. Esa raíz tan fuerte es la que impide que uno se tuerza al emigrar; me permitió ser valorado en el mundo como una persona informada.
Entre tradición e innovación, ¿cómo equilibras el respeto por lo ancestral con la exploración sonora contemporánea?
La clave es la raíz y la honestidad. Para que sea realmente fusión, hay que pensar en el ritmo, la melodía y los patrones de cada instrumento. El respeto por lo ancestral nace de conocerlo. No se trata de aprenderlo de un disco, sino de hacer un trabajo de inmersión vivencial para entender qué es lo que estás tocando.
Huamanga: Un semillero de verdad y fusión
En un contexto de fusiones constantes, ¿cómo dialoga tu música con las nuevas generaciones? ¿Crees que los jóvenes están más abiertos a las fusiones culturales hoy?
Huamanga está muy potente. Tenemos referentes mundiales como el acuarelista Nicolás López, y jóvenes como Renata Flores o Kayfex que ya ganan Grammys sin necesidad de salir de su tierra gracias a la tecnología. Huamanga siempre fue un sitio rockero en los 60’s y 70’s; por eso, no es raro que ahora hagan trap o reggaeton en quechua. Siempre habrá puristas, pero cuando hay verdad en la propuesta, nada te detiene. La juventud es la que mantendrá viva nuestra música hacia el futuro.
El arte como grito y resistencia
La música no solo entretiene, también comunica. ¿Qué lugar ocupa para ti frente a los escenarios sociales y políticos actuales?
Vivimos un momento político de los más pobres, donde faltan pensamientos humanistas básicos y respeto a los derechos fundamentales. El músico debe decir las cosas que tiene que decir; el arte amplifica las ideas. Lamentablemente, las políticas culturales son pésimas y el Ministerio de Cultura no identifica a los músicos indispensables. Creo que no hay que esperar nada del gobierno; el empresariado y los propios paisanos deben recuperar el mecenazgo para apoyar a sus artistas.
Hoy en día, ¿el gobierno realmente brinda apoyo al artista?
Las políticas culturales en el Perú están pésimas. Durante la pandemia, los apoyos los ganaban quienes mejor llenaban formularios y no siempre quienes más lo merecían. El Ministerio de Cultura tiene falencias enormes; no identifica a los músicos indispensables de cada género. Creo que no hay que esperar nada del gobierno, sino que los propios paisanos y empresarios deben apoyar a sus músicos, como existía antes con el mecenazgo cultural. El empresariado ayacuchano debe apoyar a sus artistas.
Diálogos Transatlánticos
Tu propuesta cruza fronteras sonoras de forma fascinante. ¿Cómo dialoga la música celta y el rock británico con los instrumentos andinos que te acompañan?
Viví muchos años en Inglaterra y toqué en festivales de Irlanda, Escocia y Gales. Descubrí que la tonalidad y las notas que usan son muy parecidas a las nuestras; con una quena se puede interpretar perfectamente porque ambas son música de la madre tierra. Siento esa conexión mágica, casi oriental, entre ambas culturas. Nuestra música tiene el poder de transmitir una cosmovisión diferente, una manera más mística de entender el mundo.
Cuéntanos sobre este concierto que fusiona lo ancestral con tu vivencia británica. ¿Qué emociones nos esperan?
Se llama Chano Díaz Límaco’s: UK Experience. Es una revisión de mis años allá, pero con sabor peruano. Buscamos sonoridades parecidas donde los instrumentos andinos nos lleven a esa magia celta. Para que sea una fusión honesta, hay que conocer la raíz; no se trata de copiar un disco, sino de una inmersión vivencial para entender qué es lo que estás tocando.
La música de Chano Díaz Límaco es un recordatorio de que somos polvo de estrellas y barro de los Andes. Mientras se preparan los carnavales, Chano nos deja un mensaje final: «El carnaval es libre. Compongan canciones nuevas, pero mantengan ese sonido antiguo, ese sabor tradicional. Me alegra ver a tantos jóvenes ensayando; la juventud es la que mantendrá esta música hacia el futuro. Mientras la raíz esté fuerte, no hay problema «.
No se pierdan la oportunidad de ser testigos de este viaje sonoro. La cita es el lunes 23 de febrero a las 7:30 p. m. en el Británico de Miraflores. El ingreso es gratuito. Vayan a encontrarse con la raíz, vayan a escuchar cómo late el corazón del mundo a través de un charango y una quena.