CUATRO MANERAS DISTINTAS DE OÍRNOS
The Waris, Renata Flores, Atuq Sisa y Post Galazer ante el problema de la identidad
En las últimas décadas, la música ayacuchana ha ampliado significativamente sus horizontes creativos. Esta reseña la hago con el mejor ánimo posible, deseando que siga habiendo proyectos ayacuchanos donde podamos escucharnos.
The Waris: La búsqueda de sofisticación musical
Son jóvenes pero cuentan con experiencia significativa en el panorama musical. Escucharlos es un placer, saber que quieren llevar la música hacia escalas de industria y profesionalización me reconforta. Son músicos aplicados y quiebran el prejuicio del artista bohemio. Son sólidos, profesionales y aplicados. Hace mucho tiempo había escuchado su canción: “Cenizas”. La frescura y musicalidad de esa canción meprever que estábamos ante un grupo interesante. En “Cenizas”, las letras son escritas desde el sentimiento y la franqueza. “Alegoría”, canción de su penúltimo disco, destaca por su composición.
Sus más de nueve minutos tienen distintos tiempos. Son, sin duda, una buena banda. Ahora bien, creo que han perdido sencillez en sus letras, “Cenizas” era bello porque querían decir lo que sentían. Sus últimas canciones tienen letras que intentan ser crípticas pero terminan siendo pretenciosas. Revolución, su último disco, intenta dar un giro hacia vertientes más diversas musicalmente. Con The Waris se da un fenómeno interesante: la sofisticación les plantea un desafío. En algunos momentos, la búsqueda de profundidad simbólica, experimentación sonora y posicionamiento en el mercado parece alejarlos de la espontaneidad que caracterizaba sus primeras composiciones.
Renata Flores: identidad local, proyección global y riesgos implícitos
Renata Flores representa quizá el caso más exitoso de internacionalización de una propuesta musical ayacuchana. Isqun es un álbum hermosamente producido. Ganador de los Estímulos Económicos para la Cultura 2019 del Ministerio de Cultura, fue publicado en 2021 y reúne nueve canciones inspiradas en figuras femeninas como Francisca Pizarro, María Parado de Bellido y Rita Puma Justo. Se trata de una obra con una identidad artística definida, donde el quechua, la memoria histórica y las sonoridades contemporáneas dialogan con naturalidad.
En la canción que abre el disco, Chañan Cori Coca, un coro afirma: “Esta princesa tiene poder, condición de inca, esto no es un trueque, así que no arremete, no soy un juguete”. La frase funciona como una declaración de principios. A lo largo del álbum, Renata construye una voz que reivindica la memoria, la resistencia y la lucha de género.
Sin embargo, el crecimiento de una propuesta artística trae consigo nuevas tensiones. La inserción en circuitos internacionales, festivales, organismos de cooperación, instituciones culturales y plataformas globales obliga a los artistas a relacionarse con estructuras de poder que no siempre coinciden con los discursos que sus obras defienden. Esta situación no disminuye el valor artístico de la propuesta de Renata Flores, pero sí plantea una pregunta relevante: ¿Hasta qué punto es posible ampliar el alcance de un mensaje sin que este sea reinterpretado, instrumentalizado o absorbido por los mismos espacios que inicialmente buscaba cuestionar?
Más que una contradicción exclusiva de Renata, se trata de un dilema que acompaña a muchos artistas contemporáneos. Su trayectoria permite observar cómo una identidad profundamente local puede alcanzar proyección global, aunque no sin enfrentar los desafíos y negociaciones que dicha expansión implica. Al final, la identidad no puede ser una estrategia de mercado. ¿O sí?
Atuq Sisa: La identidad como construcción estética
Aún sin tener un álbum, Atuq Sisa va conquistando escenarios y fortaleciendo una propuesta con un marcado sentido identitario. Herederos, en cierta medida, de la senda abierta por Uchpa, buscan la mezcla y el equilibrio entre el sonido andino y el rock. Sus presentaciones y videoclips son un sólido andamiaje audiovisual que se enriquece con locaciones de nuestro Ayacucho generando una propuesta interesante. Aquí la identidad está pensada previamente y utilizada de una forma tal que se observa visualmente y se integra al sonido. La identidad en Atuq Sisa no parece descubrirse, sino producirse. Se presenta como una arquitectura estética previamente elaborada donde cada elemento cumple la función de reafirmar una pertenencia cultural.
El resultado es eficaz y atractivo, aunque en ocasiones corre el riesgo de convertir la identidad en una puesta en escena. La propuesta se apoya más en la representación de lo andino que en una sonoridad que surja orgánicamente de la experiencia. Esperamos un álbum del grupo, que de seguro los posicionará como los exponentes del rock en quechua. Es algo que, sospecho, ellos también desean.
Post Galazer: La identidad como experiencia vivida
Si los anteriores proyectos trabajan la identidad desde procesos de construcción consciente, Post Galazer parece encontrarla de manera más intuitiva. Su música transmite sensaciones profundamente vinculadas a la experiencia urbana ayacuchana sin recurrir necesariamente a marcadores tradicionales de lo andino.
La música de post Galazer suena a Ayacucho, a noches ebrias en las calles coloniales, a cables de luz entre las esquinas. Sus canciones suenan a melancolía, resistencia, alegría y dolor. No necesitaron colocar una quena en los vientos para proyectarse como andinos. Su música es dura, siniestra, como los ochenta en Huamanga, pero también alegre y bailable, como un buen carnaval. La identidad, en ellos, no aparece como una estrategia de mercado sino que se siente en su atmósfera, en la sensibilidad y en la experiencia que atraviesa sus canciones. No tienen el éxito comercial de las propuestas anteriores, quizá por esa falta de sentido profesional que otros grupos sí han cultivado. Sin embargo, esa misma condición parece haberles permitido desarrollar una voz singular dentro de la escena local.
Post Galazer ha dejado un albúm: Terminal, que es casi como un testamento del momento intenso de posconflicto en Huamanga. La escasa visibilidad de Post Galazer revela que el reconocimiento cultural no siempre guarda relación directa con la calidad artística o la originalidad de una propuesta. Post Galazer es, para este sencillo comentarista, la mejor banda ayacuchana de lo que va de este siglo. Hace poco tuve la noticia de que se presentaron en Huancayo y me alegré sinceramente. La existencia de una banda como Post Galazer constituye una forma vital de resistencia. Como señalan en su canción Calle columpio: “Nuestro refugio está en cualquier lugar… en la ojerosa avenida del horror, calle columpio: Espérame”.
Desde aquí, desde mis atentos audífonos, siempre he de esperar propuestas así de sinceras.
Conclusión
Las propuestas de The Waris, Renata Flores, Atuq Sisa y Post Galazer muestran que la música ayacuchana actual no constituye un movimiento homogéneo. Cada proyecto construye una relación distinta con la identidad cultural: desde la sofisticación musical, la proyección internacional, la construcción estética consciente o la expresión espontánea de una experiencia colectiva.
Las divergencias entre estas propuestas no deben entenderse como contradicciones irreconciliables, sino como señales de vitalidad artística. En conjunto, evidencian que el sonido huamanguino del siglo XXI ya no puede definirse por un único estilo o lenguaje, sino por la diversidad de caminos mediante los cuales los músicos continúan reinterpretando lo que significa crear desde Ayacucho.