Juan Perlacios: «Este libro es un acto de cariño y gratitud hacia el maestro Nery García Zárate»

El investigador y educador Juan Perlacios publica su quinto libro sobre el músico y educador que forjó la identidad cultural de Huamanga durante décadas

Juan Perlacios es educador, historiador, investigador y autor ayacuchano. Su más reciente obra, Nery García Zárate, pajarillo que canta desde la eternidad, es un homenaje al músico y maestro que marcó generaciones en la ciudad. Es su quinto libro, financiado con recursos propios.

¿Cómo nació la idea de escribir un libro sobre Nery García Zárate?

Es, ante todo, un acto de cariño y gratitud. Cuando yo era profesor en el colegio Mariscal Cáceres, Nery también lo era. Coincidimos, hicimos cierta amistad y conversamos en varias ocasiones. Recuerdo que una vez me dijo: «Quisiera tener tu edad para salir al extranjero». Y nunca lo hizo. Pudiendo irse a Lima, prefirió quedarse en Ayacucho. Solo viajaba cuando tenía que grabar sus discos y enseguida regresaba. Tenía su familia aquí, su casa, su vida enraizada en esta ciudad. Desde aquella conversación me quedó una pregunta rondando: ¿alguna vez haré algo por Nery García Zárate? Pues este libro es la respuesta.

¿Cómo lo recuerdan quienes fueron sus alumnos?

Con mucho afecto y admiración. Muchos de mis compañeros de generación habían sido sus alumnos, y siempre lo describían como un profesor completamente distinto al resto. En aquella época, la enseñanza tenía un corte colonial: dogmático, impositivo, escolástico. Nery era lo opuesto. Era flexible, cercano, carismático, amigo genuino de sus alumnos. Había egresado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde se formó bajo los principios de la Escuela Nueva, una corriente pedagógica de vanguardia para su tiempo. Todo el mundo quería estudiar con él, aunque lamentablemente solo podía atender a 35 o 40 alumnos por grupo. Fuera del aula, preparaba los números artísticos para las veladas literario-musicales del colegio, siempre con propuestas nuevas, distintas, vinculadas a Ayacucho. Sin proponérselo de manera explícita, estaba forjando identidad regional en sus estudiantes, algo que muy pocos educadores hacían en aquella época.

Usted lo conoció de manera personal. ¿Cómo era él fuera del colegio?

Era una persona sencilla, sin ninguna pretensión ni ínfula de artista consagrado. Eso lo hacía aún más grande. Recuerdo que un día apareció en mi casa para invitarme a su cumpleaños. Fui al almuerzo… eran las tres o cuatro de la tarde y nadie cantaba. Me llamó la atención porque estábamos rodeados de músicos. Le comenté a su hermano Hernán: «Ustedes son músicos y nadie canta». Hernán se levantó entonces y empezó a cantar, y eso fue suficiente para despertar a Nery. Una vez que comenzó, no paró hasta el amanecer. Así era él: un cantor nato, que no necesitaba escenario ni protocolo para entregarse a la música.

¿Cuál considera que es su legado más importante para la música ayacuchana?

Sin duda, la recopilación y grabación de 120 temas de música ayacuchana. Esa fue su obra más grandiosa, porque permitió documentar y difundir nuestro patrimonio musical a un nivel que antes no había alcanzado. El doctor Hernán Velarde, reconocido musicólogo cusqueño, sostiene que los hermanos García Zárate —Nery y Raúl— llevaron la música ayacuchana a la categoría más elevada, una que ni siquiera la música cusqueña, con toda su tradición, ha podido igualar. Y tiene razón. La música que ellos interpretaban tiene una textura particular: se siente mestiza en el sentido más rico del término, con algo rural, algo indígena, algo señorial. Nery dominaba distintos géneros y registros, y los articulaba con una autenticidad profundamente huamanguina.

¿Qué aspectos de su vida personal le parecieron más reveladores al investigar para este libro?

Varios. Pero quizás lo que más me impresionó fue su coherencia entre lo que pensaba y lo que vivía. Nery nunca buscó la fama ni el dinero. Tenía la posibilidad de haberse marchado a Lima, de haber hecho una carrera más visible, más comercial. Pero eligió quedarse. Eligió Ayacucho. Y eso no es un detalle menor: es una declaración de valores. Además, encontré testimonios muy emotivos de sus exalumnos, personas que hoy son profesionales reconocidos y que recuerdan con gratitud cómo Nery cambió su manera de entender la música y la cultura propia. Eso habla de un maestro que dejó huella más allá del aula.

¿Qué cree usted que opinaría Nery García Zárate si pudiera escuchar la música ayacuchana que se produce hoy?

Creo que se sorprendería, y no de manera grata. Porque lo que está ocurriendo es una distorsión del huayno ayacuchano impulsada por intereses comerciales. Las disqueras condicionan a los grupos: les dicen cómo deben cantar, qué ritmo usar, cómo sonar para vender más. Y el resultado es que nuestra música empieza a parecerse al huaylas, al takirari boliviano, a otros géneros que no son los nuestros. Se está perdiendo la esencia. Esto no es nuevo: ya José María Arguedas lo advertía cuando denunció que Moisés Vivanco comenzó a moldear la música peruana pensando en el gusto del público extranjero, sacrificando la autenticidad en el altar del mercado. El huayno es nuestra expresión, no un producto de exportación.

¿Considera que hay suficiente interés entre los jóvenes por preservar esa música tradicional?

Hay casos aislados, y eso da esperanza. Pero en general, el panorama es preocupante. Los jóvenes están expuestos a una oferta musical enorme, global, y el huayno tradicional compite en desventaja si no hay un trabajo serio de educación y valoración cultural desde las escuelas y las familias. No se trata de que los jóvenes no compongan música nueva, eso es natural y necesario. Pero sí deberían conocer y saber interpretar el huayno tal como lo cantaban nuestros bisabuelos hace cien años. Esa es la raíz. Y si pierdes la raíz, con el tiempo pierdes el árbol entero.

Detalle de la contratapa de uno de los discos de vinilo de la colección de Juan Perlacios Campos. Palabras del Dr. Efraín Morote Best. Una profecía.

¿Un mensaje final para quienes lean este libro?

Que lo tomen como una invitación a conocer a un hombre extraordinario que eligió servir a su tierra antes que brillar en otro lugar. Y que, a través de Nery García Zárate, redescubran la riqueza de nuestra música, de nuestra identidad, de lo que somos como pueblo ayacuchano. La interpretación auténtica del huayno no es nostalgia: es resistencia cultural. Es decirle al mundo que aquí hay una tradición viva, que merece respeto y continuidad. Ese es el mensaje del libro, y ese era también el mensaje silencioso de toda la vida de Nery.

El libro Nery García Zárate, pajarillo que canta desde la eternidad, se encuentra a la venta en la Librería Studio (Jirón Arequipa), la Librería Visión (Jirón Lima, primera cuadra) y librería San Marcos al costado del expenal de Ayacucho en jr. Garcilaso.