Soliloquio de un Kurdo estrena ‘Carpeta Dorada’, el inventario lógico de un corazón peruano en desarraigo

José Eduardo Carbonell (Jozedu) divide sus días entre la rigurosidad del desarrollo de software y la libertad de la composición. De esa intersección nace Soliloquio de un Kurdo, un proyecto peruano que emplea la lógica de la construcción para darle forma al caos emocional. Su primera entrega formal lleva el nombre de ‘Carpeta Dorada’, un conjunto de piezas que representan el resultado de años de archivos guardados que necesitaban una estructura final para ver la luz.

El origen de este nombre remite a un vínculo antiguo con la tecnología y la identidad. Carbonell rescata el apelativo de su primer órgano electrónico y lo une a la figura del kurdo, ese caminante que transita el mundo sin territorio propio. Esta metáfora del desarraigo atraviesa la totalidad del disco, posicionando al artista como un observador que documenta su propio proceso de pérdida mientras intenta entender dónde encaja dentro de la escena musical en Perú.

‘Carpeta Dorada’ presenta una propuesta que habita el pop alternativo con una precisión poco común. Las canciones sostienen el peso de una lírica densa, apoyándose en bajos que marcan el camino y guitarras acústicas que aportan una textura orgánica. El autor asume la producción general, aplicando esa capacidad de desarrollo de productos digitales a la creación de capas que envuelven al oyente en una atmósfera de introspección constante.

La grabación del material involucró a músicos del entorno cercano de José Eduardo, lo que inyecta una dosis de humanidad necesaria a la obra. Esas colaboraciones directas permiten que el álbum mantenga una calidez que se distancia de la frialdad del código informático. En temas como «Sol» o «Ponte mi Casaca», se percibe el esfuerzo por capturar la esencia de un momento biográfico específico, logrando que el escucha forme parte de un registro privado vuelto público.

Al recorrer las seis composiciones de este EP debut, queda claro que la ingeniería y el arte comparten el mismo fin, encontrar soluciones al vacío. Soliloquio de un Kurdo entrega un inventario de memorias que finalmente encuentran su lugar en el mapa de la música peruana actual. El disco invita a observar las ruinas propias con la misma atención que se le presta a un plano detallado, aceptando que la reconstrucción personal es el proyecto más complejo que podemos ejecutar.

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