El quiebre luminoso de Solenoide: «Polillas» inaugura una era de ruido y confrontación sónica

Hay bandas que construyen refugios para esconderse del mundo y otras que diseñan hogueras para purificarlo. Tras sacudir el circuito independiente en 2024 con un álbum debut de factura internacional, Solenoide ha decidido que la contemplación ya no es suficiente. Su nuevo sencillo, “Polillas”, editado bajo el sello Catenaria Discos, ópera como un violento volantazo estético: el quinteto limeño abandona la bruma pasiva del dream pop para sumergirse en una lisergia febril, física y profundamente visceral. Es el primer adelanto de un EP que verá la luz este año y la confirmación de que la banda ha entrado en su era más madura y arriesgada.

El alma de este track se revela desde su empaque visual. La portada no ofrece tregua: una fotografía donde un sol incandescente y cegador devora la silueta de los árboles, mientras unas líneas ondulantes trazan en el aire el viaje errático del insecto hacia la luz. No hay mística nocturna aquí; hay una sobreexposición lumínica que dialoga a la perfección con el núcleo de la letra: «Como dos polillas volando en espirales cortas, ascenderemos a escondidas» . Es el retrato de una danza kamikaze, un trayecto donde el peligro de la destrucción total es secundario frente a la necesidad imperiosa de rozar el resplandor.

Líricamente, la canción esquiva el cliché del escapismo romántico para instalarse en una dualidad punzante. «Nuestras alas adolecen, el tiempo las puede partir» , canta la banda, en una honesta declaración de vulnerabilidad corporal. Sin embargo, la respuesta ante ese desgaste no es el llanto, sino la confrontación sónica: «Como huracanes de ultramar, destruiremos las lágrimas» . Las guitarras ya no flotan; ahora embisten. Las texturas abrasivas y el ruido actúan como ese viento rudo que, lejos de alejarnos del peligro, nos empuja con fuerza hacia la «herida del sol» . Es precisamente ese choque entre la dulzura melódica de la voz y la hostilidad controlada de la instrumentación lo que eleva el estándar de la banda.

Este quiebre conceptual es el resultado orgánico de un grupo que ha dejado de ser una promesa para convertirse en un motor de su propia escena. Después de recorrer el país y consolidar el festival Ruido & Magia, Solenoide sabe que las revoluciones estéticas se defienden en el escenario. Por eso, el bautizo en vivo de esta nueva era no ocurrirá en un festival masivo y frío, sino en una trinchera: el sábado 18 de julio en Unión Central , en una fecha íntegramente producida y diseñada por ellos mismos para garantizar una experiencia de inmersión sensorial completa.

En tiempos donde los algoritmos exigen canciones amables y predecibles, «Polillas» se erige como un acto de resistencia ruidosa. La cita en Unión Central promete ser el espacio idóneo para una generación que entiende que, a veces, la única forma de sanar y borrar las lágrimas es entregándose colectivamente a la distorsión más pura.