FRANZ QUISPE FERNANDEZ: EL CINE COMO UNA FORMA DE MIRAR EL TERRITORIO

El cine como una práctica colectiva para fortalecer la identidad desde el territorio

Desde muy joven, Franz descubrió que una cámara podía ser mucho más que un aparato para registrar imágenes. Con el tiempo comprendió que el cine también era una forma de escuchar, de aprender y de fortalecer el vínculo entre las personas y el territorio que habitan. Su paso por la Red de Microcines Ayacucho marcó definitivamente esa mirada: allí encontró una comunidad de aprendizaje donde el cine era, ante todo, una experiencia compartida.

Su trabajo ha transitado entre el documental, la formación audiovisual y, recientemente, la ficción. En todos esos espacios aparece una preocupación constante por la memoria, la identidad y las comunidades andinas. Más que perseguir grandes acontecimientos, le interesa descubrir aquello que suele pasar desapercibido: un gesto cotidiano, una tradición, una conversación o un silencio capaces de revelar una manera particular de entender el mundo.

Conversamos con él sobre esa búsqueda permanente.

¿Qué encontraste en el documental que no hallabas en la ficción?

En el documental encontré la posibilidad de mirar la realidad con paciencia. Siempre he sentido que un documental es como un rompecabezas: uno tiene muchas piezas frente a sí —personas, recuerdos, silencios, paisajes, emociones— y el verdadero trabajo del director es descubrir qué quiere transmitir realmente. La realidad está allí, pero no habla sola; hay que interpretarla con sensibilidad.

Lo que más me atrajo fue esa búsqueda constante de sentido. Un gesto pequeño o una conversación cotidiana podían contener una historia profunda. El documental me enseñó a escuchar antes de hablar y a observar antes de decidir qué contar.

Los microcines aparecen constantemente en tu historia. ¿Qué transformaron en tu manera de entender el cine?

Los microcines fueron mi verdadera escuela. Allí aprendí a mirar antes que a filmar. Más allá de la técnica, descubrí que hacer cine significa conversar, trabajar en equipo y aprender de otras personas.

También entendí que el cine puede salir de las salas y encontrarse con la gente. Llevábamos películas a barrios y comunidades donde muchas personas veían una proyección por primera vez. Fue entonces cuando comprendí que una película no termina cuando aparecen los créditos; muchas veces su verdadero valor comienza cuando genera una conversación.

¿Qué significa para ti hacer cine desde Ayacucho?

Mi identidad nace de los Andes, de Ayacucho y de las comunidades donde crecí. Está en la forma de hablar de los comuneros, en las fiestas patronales, en los artesanos, en las mujeres que sostienen a sus familias y en los jóvenes que buscan un futuro sin renunciar a sus raíces.

Mientras más profundamente conozco mi territorio, más posibilidades encuentro de dialogar con el mundo. No busco representar un paisaje; busco representar una manera de sentir el mundo. Al final, la identidad no es un tema que aparece en mis películas. Es el lugar desde donde las hago.

Además de filmar, has dedicado muchos años a enseñar. ¿Qué aprendiste en ese camino?

Descubrí que enseñar es una de las cosas que más disfruto hacer. Pensé que iba a compartir conocimientos sobre cine, pero terminé aprendiendo de cada persona que participaba en los talleres.

Me emociona ver el momento en que alguien descubre que su propia historia merece ser contada. Muchas personas creen que su vida cotidiana no tiene nada extraordinario hasta que empiezan a filmar su comunidad, su familia o su trabajo. En ese instante entienden que también tienen una voz.

Si algún día dejo un legado, me gustaría que no fueran solamente mis películas, sino también las personas que ayudé a descubrir la suya.

Después de varios documentales, hoy desarrollas tu primera película de ficción. ¿Por qué ese cambio?

Sentí que había emociones y conflictos que necesitaban otro lenguaje. El documental me enseñó a observar el mundo; la ficción me está permitiendo interpretarlo desde la imaginación.

No abandono el documental. Simplemente estoy explorando otra forma de acercarme a las mismas preguntas sobre la identidad, la memoria y la condición humana.

¿Qué buscas cada vez que enciendes una cámara?

Busco encontrar verdad. A veces está en una emoción, otras en un silencio, una mirada o un paisaje.

No me interesa solamente registrar imágenes; quiero revelar aquello que hace única a una persona o a una comunidad. Cada grabación es una oportunidad para mirar con más atención.

Después de todo este recorrido, ¿qué pregunta sigue acompañándote como realizador?

Hay una pregunta que vuelve constantemente: ¿Llegaré a ver el día en que el cine y las artes se conviertan en una verdadera industria y una prioridad para Ayacucho?

He visto el enorme talento que existe en mi región, pero también las dificultades que enfrentan quienes deciden dedicarse al arte. Me gustaría vivir en un Ayacucho donde hacer cine, música o literatura sea una profesión posible y respetada.

Ojalá pueda ver ese momento. Y si todavía falta mucho para alcanzarlo, espero, al menos, haber aportado un pequeño ladrillo para ayudar a construir ese futuro.

«Sigo buscando mi voz definitiva como cineasta, pero tengo claro algo: las historias que quiero contar nacen de la gente que me rodea, de la identidad andina que me formó y de la necesidad de demostrar que aquello que parece simple también puede contener un universo entero.»

Franz Quispe Fernández es comunicador audiovisual, cineasta y gestor cultural ayacuchano, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Con más de siete años de trayectoria, ha dirigido documentales como Coca, innovadora transformación, Sonidos del alma – Orquesta Sinfónica de Ayacucho, Tupay Fajardino y Educando a mis hijos, además de escribir el cortometraje de ficción Limerencia. Ha participado en producciones nacionales como Uku Pacha (asistente de producción), Huñunakuy (asistente de sonido) y diversos cortometrajes como director de sonido y segundo asistente de dirección. Como gestor cultural y formador audiovisual, ha liderado proyectos de cine comunitario y talleres para niños, jóvenes y organizaciones sociales, obteniendo apoyos del Ministerio de Cultura. Fue becario del Laboratorio de Cine y Producción Audiovisual del Festival Internacional de Cine de Morelia (México) y actualmente desarrolla su primer largometraje de ficción, inspirado en una tradición andina de Ayacucho.